CONTAMINACION AMBIENTAL

Bebés en peligro

En la producción agrícola e industrial se utilizan o producen sustancias químicas y metales pesados que perjudican el desarrollo del feto durante el embarazo.

En este último siglo hemos sido testigos de los más diversos aportes que la ciencia y la tecnología nos han brindado, mejorando nuestra calidad de vida.

Hoy en día podemos viajar en auto y avión. Muchos productores pueden mejorar y multiplicar sus cultivos y cosechas. Conocemos el plástico y los materiales descartables que nos facilitan un montón de tareas. Multiplicidad de medicamentos pueden curarnos de todo tipo de enfermedades.

Sin embargo, no contamos con el hecho de que la fabricación y la utilización de esos elementos tan útiles a la vida del hombre y a la economía de cualquier país del mundo, contaminaban y aún siguen contaminando el medio ambiente, con serias consecuencias en la salud de nuestra generación y en las futuras.

Numerosas investigaciones han demostrado que muchas enfermedades, en su mayoría diversos tipos de tumores, tienen en su origen alguna relación con la exposición a contaminantes químicos y metales pesados. En esta nota veremos como afectan al feto durante su desarrollo en el vientre materno.

 

Enemigos invisibles

 

La mayor parte de los contaminantes que son perjudiciales para el bebé en su gestación, sustancias químicas consideradas Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPS). Son altamente tóxicos, algunos son plaguicidas, otros se utilizan en la producción industrial, se originan como resultado de éstos o de la incineración de plásticos con alto contenido de cloro. Todos, aún en muy pequeñas cantidades, producen graves daños al ecosistema y a la salud humana. Se los denomina Persistentes, porque permanecen en el ambiente por años, dado que resisten la degradación química y biológica.

Una vez liberados en el ambiente, pueden trasladarse a grandes distancias por aire y por agua. Por medio de estas vías los COPS se impregnan en los suelos, en las plantas y cultivos. Los animales y el hombre los incorporan al consumir alimentos contaminados; al beber y estar en contacto con agua contaminada o al inhalar el aire contaminado.

Otra característica de los COPS es que son bioacumulables y liposolubles: En el hombre y en los animales, una vez que penetran en el organismo se disuelven en los tejidos grasos y se acumulan allí. A partir de ese momento comienzan a afectar la salud humana y animal. También de esa manera los contaminantes impiden el normal desarrollo del feto, que los recibe a través de la placenta.

Justamente para evitar estos efectos en el medio ambiente y en los seres humanos, las Naciones Unidas impulsaron a la comunidad internacional a tomar medidas. Fue así que el 23 de mayo del 2001, se firmó la Convención de Estocolmo. Este documento identificó 12 químicos como COPS cuya producción deberá ser eliminada y/o reducida a nivel mundial. Éstos son : Bifenilos policlorados (PCBs) y Hexaclorobenceno (HCB), que son sustancias químicas industriales; las Dioxinas y Furanos, residuos producto de la actividad secundaria o de la quema de plásticos es decir, no se producen intencionalmente; y ocho plaguicidas: Endrín, Mirex, Toxáfeno, Clordano, Heptacloro, DDT, Aldrín, Dieldrín y nuevamente el Hexaclorobenceno (HCB). Cabe aclarar que tanto éste último como los PCBs, a veces no son producidos intencionalmente sino que son derivados de otros procesos.

Los productos industriales: En los procesos industriales, muchos contaminantes se fabrican mediante el uso de compuestos derivados del cloro. Uno de ellos son los bifenilos policlorados, más conocido como PCBs, con los que se arman transformadores eléctricos y capacitores grandes . También se producen fluídos de intercambio de calor, aditivos para pintura, papel para copia sin carbón y plásticos.

Afectan al ser humano a su sola exposición por inhalación, ingestión de agua y alimentos contaminados. En el embrión provocan defectos psicomotrices, de memoria y bajo peso al nacer.

El hexaclorobenceno (HCB) es utilizado como químico industrial en la producciòn de fuegos artificiales, municiones y caucho sintético. Además, es un producto derivado de la fabricación de otras sustancias químicas de uso industrial.

La sola ingestión o contacto dérmico con esta sustancia provoca severos daños en el feto ya que puede atravesar la placenta.

qDioxinas y furanos: No se producen en forma intencional, sino que son derivados de la fabricación, utilización y vertido de cloro o productos químicos que lo contengan. También se generan por la quema de plásticos clorados como el PVC. Se emiten al medio ambiente desde hornos incineradores de residuos urbanos y hospitalarios, industrias papeleras y lixiviados de vertederos.

Las dioxinas a su vez son subproductos resultantes de la elaboración de plaguicidas, PVC, y otros solventes clorados. Además se originan en los procesos de fundición de metal, la actividad de las refinerías y hornos de cemento. Los furanos se producen junto con las dioxinas y tienen los mismos efectos biológicos, aunque menos potentes.

La alta exposición a estos contaminantes provocan en el feto muerte prenatal, malformaciones, espina bífida, menores niveles de hormona tiroidea, depresión del sistema inmune y disminución del crecimiento. Afecta la habilidad psicomotora, produce defectos auditivos y cognitivos. También provoca alteraciones en los sistemas nervioso central y reproductor masculino. Aún exponiéndose a bajas cantidades pero en forma prolongada, el embrión sufre serios trastornos.

qPlaguicidas: Son productos químicos utilizados en la agricultura para resguardar los cultivos de insectos, plantas y hongos que puedan arruinarlos. Sin embargo, su acción se extiende a los seres humanos, resultando seriamente peligrosos cuando superan los niveles máximos tolerables por el hombre.

Éstos son el hexaclorobenceno, mirex, clordano, DDT, endrín, toxáfeno, heptacloro, aldrín y dieldrín.

La contaminación afecta suelos, ríos, océanos y a los cultivos mismos. Animales y humanos se exponen al respirar el aire contaminado, consumir frutas y verduras rociadas con plaguicidas o al beber o bañarse con agua envenenada.

Los efectos que producen en el feto son malformaciones congénitas.

Dados los graves daños que producen en la salud, la mayoría de los plaguicidas fue prohibido en los países del primer mundo, no así en los más pobres donde son cada vez más usados, por la mayor resistencia de las plagas a estos venenos. Sin embargo, la prohibición no soluciona el problema, ya que los plaguicidas permanecen en el ambiente mucho tiempo después de haber sido utilizados (se estiman hasta 25 años para el DDT) y como se trasladan a grandes distancias, se pueden hallar en lugares donde no se elaboran o no se manipulan.

 

Metales pesados

 

Son el plomo, el mercurio y el cadmio, que pese a no ser considerados COPs , no causan menos daño. Se liberan al ambiente por tráfico, minería, vertido de residuos, procesos metalúrgicos y de obtención de calor. El hombre los incorpora a su organismo mediante la inhalación del aire y el consumo de alimentos y agua contaminados.

La acumulación de plomo en la sangre provoca anemia hipocrómica. En el embrión produce daños neurológicos y bajo peso de nacimiento. Se presume que puede ser causa de anencefalia, es decir, que el feto no desarrolla cerebro.

El mercurio se encuentra presente en aplicaciones odontológicas, termómetros, pilas y funguicidas . El metil-mercurio, la forma orgánica de este tóxico que se bioacumula en el tejido muscular de los animales cuya carne consume el ser humano, atraviesa fácilmente la placenta y penetra en el cerebro del feto en desarrollo dañando además su sistema nervioso, riñones y pulmones.

El cadmio es otro metal pesado que se encuentra en pinturas, plásticos y pilas. Es un producto derivado de la metalurgia del zinc, que en el embrión provoca malformaciones.

Como hemos visto, el progreso tecnológico y científico a veces causan graves daños en el medio ambiente y en los seres humanos. Organismos internacionales como las Naciones Unidas están iniciando acciones para la eliminación de estos contaminantes e impulsar el desarrollo de métodos y técnicas más limpias y menos nocivas para el hombre. Es una responsabilidad ineludible que todos los países deben asumir antes de que sea demasiado tarde.

Natalia Niz Wagner


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