BIOETICA

Conferencia del científico Sir John Sulston

El célebre científico inglés Sir John Sulston, distinguido con el premio Nobel de Medicina en el 2002, visitó la Argentina para dar una conferencia sobre la importancia de conocer el Genoma Humano, por ejemplo, para combatir enfermedas y el riesgo de su comercialización en manos de empresas privadas.

El científico británico Sir John Sulston, galardonado con el premio Nobel de medicina en el año 2002, visitó la Argentina, durante el mes de junio, invitado por el British Council, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial y la Universidad Nacional de Quilmes, quienes organizaron el encuentro que permitió tomar contacto directo con el ilustre visitante. Para ello se contó con la colaboración de las autoridades del Malba, Colección Constantini, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, quienes facilitaron sus instalaciones.

A título de introducción es menester recordar que Sir John Sulston obtuvo su título Bachelor of Arts de la Universidad de Cambridge (Inglaterra), en el campo de la Química Orgánica en 1963. En 1966, se doctoró -también en Cambridge- en la especialidad de síntesis de oligonucleótidos. Realizó estudios de postgrado en el laboratorio de Leslie Orgel, en el Instituto Salk de San Diego (California), sobre química prebiótica. A lo largo de su notable carrera trabajó y fue investigador de la división Biología Celular del Medical Research Council of Molecular Biology. Miembro de la Fundación Welcome como director en el Sanger Center, que actualmente es el Sanger Institute de la Fundación Welcome. A su vez, es miembro emérito del Sanger Institute y miembro de la Comisión sobre Genética Humana de Inglaterra.

Su campo de investigación es la biología molecular y del desarrollo. Más específicamente, trabaja en el desarrollo del gusanito Caenorhabditis elegans, con especial referencia a su linaje celular. También se dedica al mapeo en gran escala y secuenciamiento de genomas, sobre todo del Caenorhabditis elegans y del genoma humano.

Sus publicaciones han sido numerosas en las revistas de mayor relevancia internacional, como Science Nature entre otras. Hace dos años publicó junto a Georgina Ferry el libro que fue editado en castellano el año anterior, titulado El hilo común de la humanidad: una historia sobre la ciencia, la política, la ética y el genoma humano.

Ha recibido innumerables distinciones y premios, entre los que podemos destacar el ser miembro honorario de la Sociedad Bioquímica; premio Príncipe de Asturias de España, junto con otras cuatro personalidades; es Doctor Honorario de las universidades de Essex y Cambridge, de la Royal Society de Química y, desde ayer, de una universidad argentina: es Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Quilmes. Pero sin lugar a dudas, el título que sobresale es el premio Nobel de medicina en el año 2002, junto a Sydney Brenner y Robert Horvitz.

Aquí se reproduce las ideas más sobresalientes que el ilustre científico ha manifestado durante la conferencia.

 

La importancia del Código Genético

 

Pensé que podríamos comenzar con lo que es, creo, la parte importante de la ciencia. La ciencia es un medio maravilloso para el descubrimiento y también es un elemento que contribuye muchísimo a la filosofía humana. Si nos fijamos en la historia del pasado, vemos que nos lleva desde una ignorancia en que no conocíamos nada y vemos el progreso en lo que hemos aprendido de la ciencia. Por ejemplo, piensen en el efecto que tuvo hace 400 años la cosmología en el pensamiento humano: el sistema solar se dio vuelta cuando nos dimos cuenta de que no éramos centrales en el universo. La teoría de la Evolución nos mostró que nos parecíamos a los animales. Y si llegamos a la fecha actual, vemos que aprendemos cada vez más acerca de nosotros.

Para algunos, éste es un enfoque hacia un progreso reduccionista, pero para mí es exactamente lo contrario: de hecho estamos expandiendo nuestras mentes y por cierto nos convertimos en seres más fuertes y con más conocimientos.

El tema que nos ocupa hoy tiene que ver con el descubrimiento, hace 51 años, de la naturaleza del ADN. El descubrimiento de que el código genético que se transmite de una generación a otra consiste en una larga serie, una línea de ADN de tres mil millones de letras de largo, compone lo que nosotros denominamos el genoma humano. Hay porciones de este código que se leen y utilizan. A esas porciones las llamamos genes. Esto se hizo durante los últimos años a través de un consorcio internacional con un gran componente por parte de los Estados Unidos, un componente significativo del Reino Unido y una serie de otros países participantes que conformaron el proyecto internacional de Genoma Humano.

Fue muy importante que el proyecto fuera internacional porque estos componentes –sobre todo el británico– permitieron balancear la situación cuando los Estados Unidos fueron cuestionados por las corporaciones privadas que querían que la secuencia del genoma humano fuese privada: querían convertir esta secuencia en una oportunidad comercial. Fue una batalla muy dura.

Aquí vuelvo, entonces, a la batalla que tuvimos con una corporación privada que quería ubicar el genoma en una base de datos privada y permitir el acceso sólo a los suscriptores que estuvieran dispuestos a pagar. Esto hubiera significado que muchos científicos que no se encuentran en laboratorios ricos no hubieran tenido acceso a esta información.

Esto significa entonces que no hay manera para que los científicos se comuniquen y hablen de esta tarea tan difícil que es decodificar esta información tan compleja. A menos que podamos explicar a otras personas que estamos trabajando en tal o cual parte mostrándoles los datos, no podremos hacer ciencia en el sentido de publicar y explicar qué es lo que estamos haciendo. Por eso, si en este proceso la información fundamental se mantiene en forma privada, la ciencia se ve totalmente inhibida y no puede funcionar. Sólo podrán hacerse cosas limitadas si sólo tienen acceso los suscriptores que pagan.

Entonces, para que esto funcione era preciso contar con una base de datos pública.

 

Prevención para enfermedades

 

Quisiera comentarles brevemente que hay una progresión en la forma en que pueden usarse los datos. Ahora, como resultado de la accesibilidad pueden identificarse rápidamente los genes que están involucrados en enfermedades. Esto permite diagnosticar viendo las variaciones del genoma y las diferencias entre personas que pueden causar susceptibilidad a una determinada enfermedad, y así señala algunas de las razones y avanza hacia los tratamientos individuales con fármacogenética o terapia genética.

Entonces, en la práctica, esto quiere decir que no deberíamos tener personas tomando posesión del sistema de patentes en un estadio temprano porque necesitamos mucha gente diferente trabajando, compitiendo, para tener esperanza de llegar a los estadios más tardíos. Aquí tenemos un conflicto sobre el cual tenemos que preguntarnos. Puedo mencionar cosas buenas que podemos hacer, pero la investigación cuesta dinero; para hacerlas debemos tener una fuente de ingresos. Algunos dicen que si no hay beneficio pues no hay patentes fuertes, no va a haber cura. Lo que debemos preguntarnos entonces es a dónde puede llevarnos una investigación con fines de beneficio. Lo que podemos hacer es usar productos que están en competencia. Por ejemplo, los mercados ricos del norte –Estados Unidos y Europa– están bien provistos con antidepresivos, drogas que disminuyen el colesterol y otras, pero no se le presta mucha atención a drogas para enfermedades poco importantes.

También debemos tener en cuenta consideraciones éticas. En la recolección de toda esta información en un nivel personal, para aprender sobre la correlación entre los cambios genético y la enfermedad, podemos discriminar: podemos tratar diferente a un individuo o a otro por su genética. Para combatir este problema, el Reino Unido ha establecido una agencia: la Comisión de Genética Humana. Creo que tenemos que tener algo así en todos los países. Se trata de una mezcla de gente que consulta e informa al público, y así se evita la discriminación, que es algo con lo que tenemos que lidiar a medida que tenemos más información.

¿Cómo podemos vencer este problema? En principio diría que tenemos que domar al mercado libre. Hay una sensación universal que surgió después de la guerra fría según la cual el mercado libre es algo fantástico. Y lo es: un excelente sirviente en una determinada nación.

Si la gente vive razonablemente, provee un medio perfecto para el intercambio de bienes y servicios e impulsa la innovación. Pero por sí mismo es un mal amo: permite al mercado libre quemar las casas –por decirlo de alguna manera–. Necesitamos desactivar eso; no se trata de destruir al mercado sino de modificar internacionalmente las cosas como para que no esté todo dirigido por el mercado y así poder tener un cuidado de la salud equitativo y que se restaure la confianza. Un ejemplo en este sentido son las actividades de las organizaciones no gubernamentales como la DNDI, que están enfocando la enfermedad del sueño u otras enfermedades tropicales.

Otra forma de hacer algo a nivel internacional es tener un tratado internacional por el cual cada país aporte un porcentaje equivalente, proporcional. Esto podría reemplazar al sistema basado en las patentes medicinales que dirige la atención demasiado hacia las actividades de los países ricos

Tenemos que perseguir el bien común, el libre acceso a la información básica. Tenemos que tener publicaciones, llevar adelante los tratados internacionales de financiamiento y la consulta pública. Tenemos que buscar algún tipo de sistema de salud universal, y no sólo para los ricos, que es lo que vemos hoy en día. Creo que es muy importante, especialmente observando a los Estados Unidos, el Reino Unido y sus aliados, apoyar a las Naciones Unidas: necesitamos escapar a través de esta organización a la tragedia de las naciones. Algunos comentaristas han hablado de estas tragedias, pero creo que es mayor la tragedia de las naciones, es decir, la competencia destructiva entre naciones para el comercio y los beneficios, con todas las consecuencias que ustedes conocen muy bien en la Argentina, como las barreras tarifarias. Los países pueden aplicar reglas éticas cuando comercian unos con otros. Pero cuando comercian, los resultados no son tan éticos; creo que esto es esencial si aspiramos a llegar a un mundo feliz y seguro.


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