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Un
mundo más seguro: la responsabilidad que
compartimos
Más
de 100 recomendaciones tiene el informe que presentó el Grupo de Alto
Nivel para hacer frente a las amenazas del Siglo XXI, y trabajar por un
mundo más seguro.
El
2 de diciembre 2004 , se presentó el informe en Nueva York y fue
acogido con beneplácito por el Secretario General de las Naciones
Unidas, Kofi Annan. El grupo, integrado por 16 ex Jefes de Estado,
Ministros de Relaciones Exteriores y personalidades en los campos de
seguridad, militar, diplomático y desarrollo, reafirma el derecho de
los Estados a defenderse e incluso actuar por anticipado en caso de un
ataque inminente y dice que, en el caso de "visiones
apocalípticas" en las que aúnan terroristas y armas de
destrucción masiva, el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas
tendrá que actuar antes y en forma proactiva y resuelta que en el
pasado. El grupo fue convocado por el Secretario General de la ONU, Kofi
Annan, y son independientes.
En
las palabras del presidente del Grupo, el ex Primer Ministro de
Tailandia, Anand Panyarachun, dijo que el informe de 95 páginas
titulado Un mundo más seguro: la responsabilidad que compartimos "
presenta una nueva visión de la seguridad colectiva que abarca todas
las principales amenazas a la paz y seguridad internacionales presentes
en el mundo". Amenazas que no podían haberse previsto cuando se
fundaron las Naciones Unidas en 1945, como el terrorismo nuclear y el
colapso del Estado por una combinación fatídica de pobreza, enfermedad
y guerra civil.
El
Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, en el discurso
que pronunció en la Asamblea General en Septiembre de 2003, advirtió a
los Estados Miembros que las Naciones Unidas habían llegado a una
encrucijada en el camino. Podía ponerse a la altura de las
circunstancias y conjurar las nuevas amenazas a correr el riesgo de ir
desapareciendo en vista de la discordia cada vez mayor entre los Estados
y de su actuación unilateral. El Secretario General estableció el
Grupo de Alto Nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio a fin
de formular nuevas ideas a cerca del tipo de normas e instituciones que
necesitaban las Naciones Unidas para ser eficaces en el siglo XXI.
Amenazas que no pueden haberse previsto cuando se fundaron las Naciones
Unidas en 1945, como el terrorismo nuclear y el colapso del Estado por
una combinación fatídica de pobreza, enfermedad y guerra civil.
En
el mundo de hoy la amenaza contra uno es una amenaza contra todos. La
globalización significa que un gran ataque terrorista en cualquier
parte del mundo industrial tendría consecuencias devastadoras para el
bienestar de millones de personas en el mundo en desarrollo. Cualquiera
de los 700 millones de pasajeros internacionales que vuelan en líneas
aéreas cada año puede, sin saberlo, ser portadores de una enfermedad
infecciosa letal. La disminución de la capacidad del Estado en
cualquier lugar del mundo debilita la protección de todos contra las
amenazas trasnacionales tales como el terrorismo y la delincuencia
organizada.
Cada
Estado necesita la cooperación internacional para su seguridad.
Hay
seis grupos de amenazas que deben preocupar al mundo en estos días y en
los próximos decenios.
lGuerras
entre Estado;
lViolencia
dentro del Estado, con inclusión de guerras civiles, abusos en gran
escala de los derechos humanos y genocidio;
l
Pobreza ,enfermedades infecciosas y degradación del medio ambiente;
lArmas
nucleares, radiológicas, químicas y biológicas;
lTerrorismo;
y
lDelincuencia
transnacional organizada.
El
Secretario General Kofi Annan ,aseguró que el lado positivo es que, las
Naciones y nuestras instituciones de seguridad colectiva han demostrado
que pueden funcionar. El número de guerras civiles que terminaron
mediante negociación en los quince años últimos fue mayor que los 200
anteriores. En los años sesenta eran muchos los que creían que para
nuestros días entre 15 y 25 Estados poseerían armas nucleares; el
tratado sobre la no proliferación nuclear ha servido para prevenirlo.
La Organización Mundial de la Salud ayudó a contener la propagación
del SARS antes que matara a decenas de miles o incluso más personas.
Sin
embargo, estos logros pueden revertirse y se corre un verdadero peligro
de que así ocurra a menos que actuemos con rapidez para afianzar a las
Naciones Unidas de manera que en el futuro responda con eficacia a toda
la variedad de amenazas a la que estamos expuestos.
Normas
de prevención
Para
hacer frente al problema de la amenazas en nuestros días hay que
embarcarse resueltamente por la vía de la prevención; las
consecuencias de dejar que amenazas latentes se hagan manifiestas o de
dejar que amenazas que ya existen se propaguen son demasiado graves.
El
desarrollo tiene que ser la primera línea de defensa para un sistema de
seguridad colectiva que se tome la
prevención
en serio. Combatir la pobreza no sólo salvará millones de vidas sino
que afianzará también la capacidad de los Estados para combatir el
terrorismo, la delincuencia organizada y la proliferación .
El
desarrollo significa mayor seguridad para todos. Existe un marco
internacional convenido en cuanto a la forma de alcanzar las metas,
enunciado en el Declaración del Milenio y el Consenso de Monterrey,
pero su puesta en práctica no avanza.
La
seguridad biológica debe ocupar un lugar primordial en la prevención
.La reacción internacional ante el VIH/SIDA fue terriblemente tardía y
vergonzosamente mal financiada. Tenemos que contener esta pandemia con
urgencia. Pero también habrá que hacer más. Nuestro sistema mundial
de salud pública se ha deteriorado y no está en condiciones de
protegernos contra enfermedades infecciosas fatales que ya existen o
están apareciendo. En el informe se recomienda una importante
iniciativa destinada a formar capacidad en materia de salud pública en
todo el mundo en desarrollo en los planos local y nacional. Ello no
sólo reportará beneficios directos para la prevención y el
tratamiento de enfermedades en el propio mundo en desarrollo, sino
también servirá de base para una eficaz defensa mundial contra el
bioterrorismo y terribles brotes epidémicos naturales.
Prevenir
la guerra dentro de un Estado y entre Estados redunda también en el
interés colectivo de todos. Las Naciones Unidas, para funcionar mejor
en el futuro, tendrán que incrementar realmente su capacidad en materia
de mediación y diplomacia preventiva. Habrá que aprovechar la base que
significa la labor por organizaciones regionales en la formulación de
sólidas normas para proteger a los gobiernos contra derrocamientos
inconstitucionales y para proteger a las minorías y habrá que cooperar
para encontrar nuevos medios de regular la ordenación de los recursos
naturales, porque la competencia en pos de estos recursos suele dar
lugar a conflictos.
Para
un mundo más seguro es indispensable prevenir la propagación y
utilización de armas nucleares, biológicas y químicas. Esto significa
reducir más la demanda de estas armas y controlar la oferta material
para producirla. Significa cumplir los compromisos que se han contraído
en tratados vigentes, incluido el de celebrar negociaciones, y significa
hacer cumplir los acuerdos internacionales. En el informe se enuncian
recomendaciones concretas destinadas a crear incentivos a fin que los
Estados se abstengan de desarrollar capacidad para enriquecer uranio y
para el reprocesamiento. Se exhorta a entablar negociaciones para un
nuevo acuerdo que permita al Organismo Internacional de Energía
Atómica actuar de garante respecto del abastecimiento de material
fisionable a civiles a precios de mercado y se insta a los gobiernos a
suspender voluntariamente, por un plazo prefijado, la construcción de
nuevas instalaciones para el enriquecimiento de uranio, mientras los
actuales abastecedores, por su parte, garantizarán la oferta de
material fisionable.
Esta
amenaza , el terrorismo, tiene nuevos aspectos ,que incluyen la
aparición de una red terrorista mundial y las posibilidades de
utilización de armas nucleares, biológicas o químicas para fines de
terrorismo ,que requieren nuevas respuestas. Las Naciones Unidas no han
hecho todo lo que pueden hacer y en el informe se insta a que
establezcan una estrategia de lucha contra el terrorismo que respete los
derechos humanos y el Estado de derecho. Esa estrategia debe comprender
medidas coercitivas cuando sean necesarias y crear nuevos instrumentos
para ayudar a los Estados a conjurar esta amenaza en el plano interno.
El
informe enuncia una clara definición del terrorismo, sostiene que no
admite justificación en circunstancia alguna y exhorta a la Asamblea
General de las Naciones Unidas a superar sus divisiones y concertar por
fin un convenio general sobre el terrorismo.
La
propagación de la delincuencia transnacional organizada hace crecer el
riesgo de todas las demás amenazas. Los terroristas utilizan los grupos
delictivos organizados para desplazar dinero, hombres y materiales por
todo el mundo .
Gobiernos
y rebeldes venden recursos naturales por conducto de grupos delictivo
para financiar guerras. La corrupción debilita la capacidad del Estado
para afianzar el imperio de la ley. Es esencial luchar contra la
delincuencia organizada a fin de ayudar a los Estados a formar capacidad
para ejercer sus obligaciones soberanas y para combatir la horrible
trata de humanos.
Las
respuestas a las amenazas
Naturalmente
la prevención a veces no da frutos y en ciertas ocasiones habrá que
hacer frente a las amenazas militares.
La
Carta de las Naciones Unidas establece un claro marco para el uso de la
fuerza. Los Estados tiene un derecho inmanente a la legitima defensa,
consagrado en el Artículo 51. El Derecho Internacional consuetudinario,
establecido de larga data ,pone de manifiesto que los Estados pueden
proceder a una acción militar a condición de que el ataque amenazado
sea inminente, no haya otro medio de evitarlo y la acción sea
proporcionada. El Consejo de Seguridad tiene autoridad para actuar a
título preventivo, pero pocas veces lo ha hecho. El consejo de
Seguridad tendrá que estar mucho más dispuesto a adoptar medidas
resueltas con más antelación. Los Estados que temen que se materialice
una amenaza distante tienen la obligación de señalarlo al Consejo de
Seguridad.
El
informe enuncia la norma que se está imponiendo de la responsabilidad
de proteger a los civiles de la violencia en gran escala,
responsabilidad que recae primordialmente sobre las autoridades
nacionales. Si el Estado no protege a su población civil recae entonces
sobre la comunidad internacional la responsabilidad de actuar mediante
operaciones humanitarias, misiones de observación, la presión
diplomática y el uso de la fuerza, de ser necesario, aunque únicamente
como último recurso. En caso de conflicto o de empleo de la fuerza ello
entraña también un claro compromiso internacional de reconstruir
sociedades destruidas.
El
despliegue de fuerzas militares para el mantenimiento y para la
imposición de la paz ha resultado ser útil para poner fin a la guerra
y preservar la seguridad de un Estado una vez terminada la guerra .Sin
embargo, la oferta total en el mundo de personal disponible para el
mantenimiento de la paz es peligrosamente baja. Simplemente para
mantener la paz en los conflictos actuales habría que duplicar el
número de efectivos destinados a ese fin en todo el mundo. Incumbe a
los Estados desarrollados la obligación particular de esforzarse más
para convertir sus ejércitos en unidades aptas para ser desplegadas en
operaciones de paz y, para superar las dificultades en el futuro, un
mayor número de Estados tendrá que tener contingentes de reserva para
fines de las Naciones Unidas y mantener disponible capacidad de
transporte aéreo y capacidad estratégica de desplazamiento de otra
índole para ayudar en operaciones de paz.
Cuando
termina una guerra se hace esencial consolidar la paz después del
conflicto. Las Naciones Unidas con frecuencia han prestado muy poca
atención y dedicado pocos recursos a este problema fundamental. Para
consolidar la paz se requiere el despliegue de efectivos de
mantenimiento de la paz con mandato adecuado y con suficiente capacidad
de disuadir a quienes quieran oponerse; se necesitan también fondos
para desmovilización y desarme incorporados en los presupuestos para el
mantenimiento de la paz y un nuevo fondo fiduciario para enjugar
déficit críticos en la rehabilitación y reinserción de combatientes
y otras tareas iniciales de reconstrucción y hay que prestar especial
atención a la formación de capacidad institucional del Estado,
especialmente en el campo del imperio de la ley. Desempeñar bien este
cometido debería constituir una función central de las Naciones
Unidas.
Unas
Naciones Unidas para el siglo
XXI
Para
hacer frente a estos problemas las Naciones Unidas necesitan que sus
actuales instituciones funciones mejor y ello significa revitalizar la
Asamblea General y el Consejo Económico y Social, cerciorarse de que
desempeñen las funciones que les fueron asignadas y restablecer la
credibilidad de la Comisión de Derechos Humanos. Significa también
aumentar la credibilidad y la eficacia del Consejo de Seguridad haciendo
que su composición refleje mejor la realidad del mundo de hoy. El
informe enuncia principios para la reforma y dos modelos para
materializarla ,una con nuevos miembros permanentes sin veto y otra con
nuevos puestos por períodos renovables de cuatro años .Según el
informe las reformas deberían revisarse en 2020.
También
es necesario crear nuevas instituciones para hacer frente a nuevos
problemas .El informe recomienda que se establezca una comisión para la
consolidación de la paz ,un nuevo mecanismo en las Naciones Unidas, en
que tendrían participación el Consejo de Seguridad, el Consejo
Económico y Social, donantes y autoridades nacionales. Una Comisión de
esa índole, trabajando en estrecha cooperación con organizaciones
regionales y las instituciones financieras internacionales, podría
colmar una importantísima laguna en el sentido de prestar la atención
necesaria a los países que salen de un conflicto .Fuera de las Naciones
Unidas, un foro en que se congregarán los jefes de Estados de los 20
países más grandes, desarrollados y en desarrollo, serviría a los
efectos de una gestión coherente de la política internacional en
materia monetaria, financiera comercial y de desarrollo. Una mejor
colaboración con las organizaciones regionales es también esencial y
el informe enuncia una serie de principios que rigen una alianza más
estructurada entre ellas y las Naciones Unidas. En el informe se
recomienda reforzar la función crítica que cabe al Secretario General
en cuanto a la paz y la seguridad. El Secretario General, para actuar
con mayor eficacia, debería tener mucha más latitud para administrar
la Secretaría y se exigiría al mismo tiempo que rindiera cuenta de esa
administración. Necesita también más apoyo para su función de
mediación y mayores posibilidades de configurar una estrategia efectiva
para la consolidación de la paz. Actualmente hay un Vicesecretario
General; si se creara un segundo puesto de vicesecretario general
encargado de cuestiones de paz y seguridad, el Secretario General
tendría capacidad para supervisar las funciones sociales, económicas y
de desarrollo de las Naciones Unidas y sus muchas funciones respecto de
la paz y la seguridad.
Lo
que queda por hacer
El
informe constituye el inicio y no el fin de un proceso. El año 2005
constituirá una ocasión crucial para que los Estados Miembros discutan
y amplíen las recomendaciones del informe, algunas de las cuales serán
examinadas en una cumbre de jefes de Estado. En todo caso, para
construir un mundo más seguro se necesita mucho más que un informe o
una conferencia en la cumbre. Se necesitarán recursos compatibles con
la escala de los problemas que nos esperan, compromisos sostenidos y a
largo plazo y, por sobre todas las cosas, liderazgo dentro de los
Estados y entre ellos.
?
Jorge Pedro Ricagni
Informe
del Grupo de Alto nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio
(Resumen)
Fuente:
Naciones Unidas
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