ENTREVISTA A GUSTAVO SIERRA

"Uno tiene que contar

 lo que esta viendo" 

 

Fue testigo del segundo conflicto bélico del nuevo milenio. Dio testimonio de la realidad del pueblo iraquí, en donde las cuestiones sanitarias y de salud no han escapado a su mirada.

 

Alguna vez, el pacifista Mahatma Gandhi dijo que "lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia". La guerra no significa más que eso: tratar de solucionar los problemas que el hombre se plantea no por intermedio de la razón sino por la fuerza. Por lo tanto, y apelando a la sabiduría de otra personalidad importante, en este caso el célebre escritor Mark Twain, "el hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin tener nada que decir". Pero ocurre que hay momentos en la vida, en que es necesario decir algo, contar lo que pasa, y eso fue lo que se propuso el periodista y corresponsal de guerra, Gustavo Sierra en Irak: describir, tratando de llegar a los sentimientos más profundos de cada lector, mostrando rasgos de humanidad (lo primero que se pierde en una guerra), el infierno de un espectáculo que no ha bajado su telón: la guerra.

Con 27 años de experiencia, Gustavo Sierra, ha trabajado en los más importantes medios de comunicación del mundo. Actualmente, es Prosecretario de Redacción del diario Clarín. Ha realizado la cobertura de las guerras de Afganistán e Irak. Fue corresponsal en la Casa Blanca y jefe de la oficina de Washington de las cadenas de televisión CBS-Telenoticias y NBC-Canal de noticias. Integró el primer equipo de CNN en español como jefe de redacción en Atlanta. A su vez, su carrera incluye la corresponsalía para Univisión en Estados Unidos, Chile y Argentina. Anteriormente, fue corresponsal de Editorial Perfil de Argentina en Londres y Nueva York. No obstante, fue editor del servicio latinoamericano de la Associated Press en Nueva York.

Por si fuera poco, todas sus vivencias –en la cumbre de su carrera- fueron plasmadas en un libro cuyo título es "Bajo las bombas", crónica de la invasión a Irak, las cuales ha compartido, en esta ocasión, con El Mercurio de la Salud.

¿Cómo es la situación actual, en materia sanitaria, en Irak?

No tengo la información última, pero, en general, es tremenda. Hay, todavía, gran cantidad de desplazados y refugiados (todavía de la época de Saddam, que sacaba gente de una región a otra para evitar lo que vemos ahora: enfrentamientos étnicos); y, al mismo tiempo, están los desplazados de la guerra y que no han podido regresar a sus casas y los nuevos desplazados que se producen constantemente en ciudades como Falluha (allí la situación sanitaria es tremenda); no hay agua, electricidad hay en pocas horas al día; esto implica muchos problemas en los hospitales que tienen generadores, pero eso significa combustible, la utilización de muy mal combustible, hay derrames constantes, que provocan otros problemas sanitarios, por ejemplo, un ruido muy ensordecedor para poder vivir; en general, la situación sanitaria es muy mala y venimos de una situación, en un país, en el cual el sistema hospitalario era realmente bueno.

Usted trajo a colación la cuestión hospitalaria. Recuerdo que en su libro (página 76), usted menciona que muchos bebés morían a causa de la poca electricidad que había en los hospitales. ¿Esto se volvió a repetir?

Es constante. Yo he visto en los hospitales, ahora que volví, un año más tarde, después de atentados y demás, todos los pasillos llenos de gente, tirada, los heridos en condicionas infrahumanas. Y un médico, el Doctor Faissal, que yo lo vi al final de la guerra, cuando nos atacaron, atendió a un compañero mío; lo volví a ver un año más tarde; él me contaba que la situación en su hospital era tremenda porque no tenían nada. Ellos tenían un sistema centralizado por lo cual el Ministerio de Sanidad – o de Salud Pública- le transfería lo que necesitaran los hospitales, las cantidades que sean necesarias; el Ministerio había desaparecido, después había un ministro pero que no tenía presupuesto, no tenía nada; entonces, los hospitales habían quedado sin ningún tipo de suministro y dependían de las organizaciones internacionales humanitarias para que les hicieran llegar suministros.

¿Ni siquiera necesidades básicas podían llegar a cubrir?

Había muy pocas... muy pocas. Había algunos hospitales que tenían algunas cosas básicas pero otros que no tenían nada y dependían totalmente de la ayuda que le podía proveer el Ministerio, el cual no funcionaba, por lo tanto no tenían nada. Y ahí están trabajando las organizaciones humanitarias internacionales importantes, pero no dan abasto.

¿Cómo calificaría el rol que cumplió la ayuda humanitaria en este conflicto?

La de las pequeñas organizaciones, excelente, magníficas, y en particular te puedo nombrar la de Emergency, que es una ONG italiana que dirige Gino Strada, un médico italiano, que trabajó en Afganistán e Irak, y tiene varios hospitales a cargo. La de las grandes organizaciones, las más conocidas, yo te diría que bastante deficiente, precisamente por eso: esas grandes estructuras no funcionan en una situación como esta, en la cual no había absolutamente nada y empiezan a decir "no están dadas las condiciones", porque ellos tienen una burocracia que les indica que si ocurre tal o cual cosa, ya no pueden seguir funcionando, y no funcionan; y así nos encontramos con que las grandes organizaciones, fueron muy ineficientes en algunos momentos.

Con respecto a las enfermedades, por lo que usted pudo apreciar, ¿hay alguna, consecuencia lógica de la guerra, que prevaleció por sobre otra?

No recuerdo precisamente, pero hay de todo. Lo que no hay, por suerte, es malaria en forma generalizada. Pero tiene que ver más porque, durante los años anteriores y durante el régimen de Saddam, había sido muy controlada. Después, hay de todo: son enfermedades que provienen y las llevan todos los extranjeros que están ahí. Entonces, la situación, hoy, de un niño iraquí comparada con la que podía vivir hace dos años atrás, se ha deteriorado enormemente; antes tenía un sistema de salud básico. Quiero hacer un paréntesis aquí: la dictadura de Saddam Hussein fue una de las dictaduras más feroces que hayan existido en todo el mundo, que ha provocado, por lo menos, 100 mil desaparecidos y ha sojuzgado a pueblos enteros. No es que estoy hablando bien del régimen saddamista. Estoy hablando de que el sistema de salud, bajo el régimen saddamista, funcionaba.

Lo traslado a otra situación. En El Mercurio de la Salud, se ha trabajado con una enfermedad característica de los soldados conocida como el Síndrome del Golfo. Es una enfermedad que recién ahora, después de largas batallas, ha generado, al menos, un reconocimiento jurídico, sobre todo del gobierno de Inglaterra. ¿En su estadía en Irak, en plena guerra, tuvo conocimiento sobre esta enfermedad?

El Síndrome del Golfo tiene que ver con la utilización de cargas de uranio enriquecido en misiles y, particularmente, en las municiones de los tanques. Días atrás, se emitió un documental –excelente- sobre esto, donde había un médico alemán que había ido a trabajar allí, con un detector de uranio enriquecido; ha demostrado que estaba absolutamente contaminado alrededor de unos tanques que habían quedado por ahí. Creo que tiene que ver con esto. Nosotros, cuando fuimos atacados en el Hotel Palestine, el 8 de abril del 2003, de acuerdo a las informaciones provenientes del propio ejército de los Estados Unidos, la descarga disparada por el tanque tenía uranio enriquecido.

En el caso de los soldados, por ahora está oculto, porque el ejército estadounidense lo oculta. Pero, en una entrevista que hicimos para un documental, que está por salir al aire en Argentina, con un soldado argentino –Faustino Saizer- que trabaja en el hospital de la zona donde está la sede del gobierno provisional iraquí y de la embajada americana, ahí él decía que recibían soldados. No sabían qué era lo que tenían; o sea, el Síndrome del Golfo se extiende y vamos a ver mucho más; y tenemos, de una vez por todas, que estudiar cuáles son las consecuencias de estas descargas con uranio enriquecido.

Sus artículos periodísticos, a juicio personal, han apelado al sentimiento personal de un corresponsal que fue a cubrir una guerra. ¿A qué se debe?

Me parece que llega un momento en que no se pueden separar las cosas, que uno tiene que contar lo que está viendo. Uno, ahí, no tiene fuente, salvo las lógicas del régimen saddamista (tal ministro que sabíamos que estaba haciendo propaganda), o las que venían también de la propaganda del ejército estadounidense. Entonces, quién era testigo directo de lo que ocurría. Para un público como el argentino, yo creía que era el que estaba ahí, era testigo directo de lo que pasaba y que lo podía transmitir de esa manera y así lo hice. Me parece que la gente lo que quiere es escuchar historias. En el periodismo, tenemos demasiado tratamiento de crónica pura, y me parece que no hay cuento: la gente necesita que le cuenten las cosas, y es la mejor manera de llegar a la gente. Eso fue lo que hice: contar lo que veía. Mi único objetivo ahí era describir lo que le sucedía a los civiles iraquíes. Ellos eran los que me preocupaban y por ellos escribía y lo que quería era que los argentinos civiles comunes supieran de los otros comunes que tenían del otro lado.

Retornando a su libro, interpreto que el gran soporte y contención era entre ustedes, entre los periodistas, sobre todo en lo que concierne al episodio del Hotel Palestine.

Totalmente. Sin ese apoyo, era imposible soportar allí. Y esto lo sabemos todos, todos hemos tenido, en algún momento, el apoyo del otro; y algunos compañeros tuvieron más problemas que otros. Los mayores tratábamos de apoyar a los más jóvenes. Eso me salvó allí, y creo que a todos nosotros; y al regreso, el apoyo fundamental fue de mi mujer y mis hijas. Sin ese apoyo, yo no hubiera hecho nada, no hubiera podido hacer absolutamente nada. Durante la guerra, hablaba con ellas todos los días, estaba totalmente en contacto, nunca lo perdí.

No quisiera preguntarle si esta fue una guerra por el petróleo o por las supuestas armas químicas. Me interesaría saber ¿qué significó, qué represento esta guerra? ¿Cuál era el objetivo de invadir un país como Irak?

Yo voy a tratar de explicarte lo que ellos pensaron, lo que la administración Bush pensó. Cuando se producen los atentados del 11 de septiembre, hubo una reunión del Consejo de Seguridad y ahí se determinó qué hacer como represalia por lo que había ocurrido. Se ponen varias opciones: la primera es atacar Afganistán, la segunda es atacar Irak y la otra es atacar los dos países al mismo tiempo. Bush decide, en ese momento, que va a atacar primero Afganistán y después Irak. Eso fue lo que ocurrió en ese contexto: fue primero Afganistán y después Irak; y todo ese minué político (si las armas... si los inspectores) fue absolutamente una excusa que apareció ahí, no era nada en concreto. Por otro lado, en ningún momento se pensó: "ahora vamos a ir ahí por el petróleo". El petróleo nunca estuvo en la ecuación, en concreto. Estuvo la ecuación de la represalia por el 11 de septiembre y contra el terrorismo. Yo no sé por qué muchos de mis colegas repiten y repiten lo del petróleo. No han sacado una gota de petróleo, o muy poco. Obviamente, tienen reservas enormes (las primeras del mundo) en Arabia Saudita que no va tener ningún problema en dárselas. Además, están trabajando en Alaska y van a sacar petróleo de ahí también aunque sea un desastre ecológico. El petróleo, por supuesto, va a pagar unas cuentas de esta guerra, pero no quiere decir que sea el punto básico por el cual hayan ido a esta guerra.

¿Cree que en pleno siglo XXI, la política a nivel internacional, no sólo por parte de Estados Unidos sino también otros países, como por ejemplo Rusia, para combatir los conflictos, sea por intermedio de ataques preventivos contra regímenes considerados terroristas?

La pregunta que nos tendríamos que hacer nosotros sería: ¿el mundo está más seguro hoy, en relación a dos o tres años atrás? Creo que está cada vez más inseguro; y creo que estos ataques preventivos no han hecho más que crear más caos y anarquía en el mundo; han provocado cada vez más actos de violencia de un lado y del otro. Y como sabemos, el ser humano es infinitamente cruel y estúpido, vemos hechos de una crueldad increíble que podrían estar ya superados como las decapitaciones y cosas por el estilo. Creo, una vez más, que debemos todos los seres humanos preguntarnos hacía adónde vamos, dónde nos llevan todas estas políticas de ataques preventivos y de guerras. Hacia dónde está llevando al mundo, cuál es la situación general en la que estamos viviendo, cuánta gente inocente está muriendo, con todos los atentados que se producen.

Personalmente, me llamó la atención que el señor Bush –y toda su comitiva- no fueran capaces de tomar un libro y comenzar a leer la historia del país a invadir porque, realmente, lo que se ha destruido, fue una de las cunas de la civilización humana, de lo cual mucho no se habla. Si Bush ha logrado realizar esto en un período de cuatro años de gobierno, ¿qué puede llegar a suceder si tuviera otro período, el señor que, como dijera algún renombrado escritor, le ha ganado la guerra a papi?

No lo sé, lo único que quiero decirte es que nosotros no votamos; vota la gente del medio oeste estadounidense, y que hay posibilidades de que Bush sea reelegido. Con esto nos tenemos que quedar hasta la noche del 2 de noviembre (creo que recién a las 0.00 hs vamos a saber qué es lo que realmente va a ocurrir). La otra cuestión que también hay que advertir es que si bien creo que un demócrata, en este caso, John Kerry, en la Casa Blanca, podría modificar muchas cosas (en particular, podría tener una política mucho más multilateralista con respecto al unilateralismo que existe en este momento, que puede haber un cambio de clima político y social que podría lleva a algunos cambios), no quiere decir que vaya a haber cambios profundos de un momento a otro y mucho menos que eso signifique la salida de todas las tropas estadounidenses de inmediato de Irak. Tenemos que tener en cuenta todas esas cosas cuando nosotros observemos estas selecciones.

¿Volvería a vivir todo lo que vivió en Irak durante y después de la guerra?

Aquí hay que separar las cosas. Desde el punto de vista personal, me costaría –de la misma manera que me costó cuando me fui-, pero iría por una cuestión de desafío profesional. Pero como profesional, yo tengo una obligación y como tal, si tengo la posibilidad de ser testigo de algo extraordinario como fui, tengo la obligación de dar testimonio y trasmitirlo; por lo tanto, volvería... y volvería a tener la misma responsabilidad que tengo de dar testimonio. Lo trato de hacer en la medida en lo que puedo: a veces me exceden mis posibilidades como las charlas en escuelas, pero trato de hacerlo. Ese es el punto: ir consciente de que uno va a ser testigo de algo extraordinario y como tal, tiene que trasmitirlo. En ese sentido, por supuesto que iría.

?Lic. Hernán Gastón Fisbein

hernanfisbein@yahoo.com.ar 


Inicio

 

Portada


© 1996 El Mercurio de la Salud - Digital