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Cada año, en el mundo, unos 24 millones de niños nacen con bajo peso, en su mayoría en países en desarrollo. Por lo general, las madres de esos niños también tienen deficiencia ponderal, o trabajan en exceso, o sufren cortedad de talla debido a que en la infancia no recibieron una nutrición suficiente. Los hijos de estas mujeres corren más peligro de muerte que los niños más pesados. Los que sobreviven corren riesgo de tener problemas de aprendizaje y sufrir desnutrición”. (UNICEF, Informe sobre desnutrición infantil). Al leer o escuchar este tipo de noticias generalmente se las asocia a los países africanos o asiáticos donde la desnutrición infantil es un problema sin resolver; difícilmente al nuestro. Recientemente, la televisión y los diarios mostraron fotos, imágenes y testimonios de niños y madres afectados por la desnutrición. Desde Tucumán, Santa Fe o Quilmes, el drama de muchas personas por no conseguir un plato de comida conmocionó a la sociedad. No eran africanos, no eran asiáticos, eran argentinos. Pero el hecho de que apareciera en tantos medios al mismo tiempo y desapareciera de la misma manera ponía en duda el hecho de si se estaba dando a conocer una dura realidad o se trató de un fenómeno que tan rápidamente apareció, se extendió y desapareció.
Aproximaciones al problema Hasta hoy no existen cifras oficiales ni privadas que indiquen exactamente cuántos niños desnutridos hay en Argentina. Pero podemos hacer una aproximación teniendo en cuenta definiciones de organismos internacionales como UNICEF y la OMS, y nacionales como el Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI), y el INDEC sobre pobreza e indigencia: ”Hace mucho tiempo que se tiene conciencia que la desnutrición es consecuencia de la pobreza. Y cada vez resulta más evidente que una también es causa de la otra”, (UNICEF, El Estado Mundial de la Infancia, 1998). Para la OMS, los hogares indigentes son aquellos en los cuales los ingresos resultan insuficientes para pagar una canasta básica de alimentos ”necesarios para satisfacer los requerimientos energéticos mínimos de los miembros del hogar, que les suministren las calorías necesarias para realizar movimientos moderados”. Según INDEC, los hogares pobres son aquellos cuyos ingresos son insuficientes para adquirir una canasta básica de alimentos más algunos gastos del hogar, transporte y vestimenta, valuado para una familia tipo de 4 personas en 650 pesos por mes en junio. Para el mismo organismo, los hogares indigentes son aquellos cuyos ingresos son insuficientes para comprar una canasta consistente sólo en alimentos, cuyo valor total en junio estaba estimado en 280 pesos para una familia tipo de 4 personas. Agrega el INDEC que quienes son indigentes no ingieren los ”requerimientos normativos kilocalóricos y proteicos imprescindibles”. Alejandro O'Donnell, médico especialista en nutrición y director del CESNI, declaró sobre la desnutrición infantil que ”las causas son las de la pobreza”. Ahora, revisando los últimos datos que el Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales (Siempro) organismo dependiente de la Presidencia de la Nación sobre la población argentina difundió en los primeros días de junio, se observó lo siguiente: El 54 por ciento de los argentinos es pobre y el 23 por ciento es indigente. El 47 por ciento de la población pobre la componen menores de 18 años. Los 18,2 millones de argentinos pobres viven en 4.050.000 hogares, de los cuales el 75 por ciento esta habitado por chicos menores de 18 años. Dos de cada tres niños menores de 18 años es pobre. Esto es el 66,66 por ciento de los 12.490.000 que hay en el país. Del total de chicos pobres en esa franja de edad (8.319.000) , casi la mitad (4.138.000) e
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